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martes, 12 de junio de 2012

"Ejercicios para prevenir el Alzheimer"

Para mantener el cerebro sano: entrenarlo como un músculo
La "gimnasia mental" ayuda a prevenir la aparición temprana del Alzheimer o el Parkinson.

Clarín

Por: Eliana Galarza

El cerebro no deja de sorprender. Se lo estudia desde siempre pero últimamente cada vez hay más líneas de investigación que intentan arrancarle secretos para encontrar la forma de prevenir y curar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Eso ocurre porque mientras que en la época del Imperio romano la expectativa de vida era de 22 años y a comienzos del siglo XX, de 50, hoy ronda los 80 años. Ese "avance" permite detectar más casos de esas dolencias que todos temen y que, por lo general, suelen instalarse en la Tercera edad.

Nadie quiere vivir entre la confusión y el olvido. ¿Se puede hacer algo? Un nuevo estudio de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, según su sigla en inglés), de los Estados Unidos, reconfirma el valor que tienen los ejercicios de entrenamiento cognitivo para mantener saludable al cerebro. "La mente admite la ejercitación y de hecho mejora su rendimiento. Es algo así como un músculo que crece o se desarrolla cuando se lo ejercita: en la niñez, la estimulación mediante aprendizaje y gratificación es fundamental; y en la vejez, es imprescindible", comenta el médico experto en gerontología Guillermo Che Kenny.

"Diversos estudios demuestran que la ejercitación y la estimulación cognitiva pueden retrasar la aparición del deterioro de los trastornos cognitivos y de las funciones intelectuales en personas sin patología", puntualiza Facundo Manes, neurobiólogo, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

Lo que aconseja la ciencia, con esa recomendación de "estimulación cognitiva", ya se traduce en diferentes ofertas. El auge del sudoku (una cuadrícula que hay que completar con la combinación de números que van del 1 al 9) es altamente llamativo. En Japón se popularizó a partir de 1984 y en 2005 se convirtió en infaltable en la mayoría de los diarios nacionales de los Estados Unidos. Jugarlo es uno de los más claros ejemplos de esa estimulación tan beneficiosa.

La poderosa Nintendo también vio la veta. El año pasado lanzó su "Brain Training", con ejercicios simples que ayudan a estimular las funciones cognitivas (como el aprender o prestar atención). "Para mí, el rompecabezas es uno de los juegos más útiles", asegura, sin embargo, Roberto Sica, jefe de Neurología del Hospital Ramos Mejía. Y explica sus fundamentos: "Para armarlo, hay que combinar colores, formas y diseño y seguir una secuencia lógica en su construcción. Con un rompecabezas, el concentrarse en la forma y el color movilizan al hemisferio cerebral derecho; en tanto que el diseño y la secuencia lógica hacen lo propio con el izquierdo. Y tiene otra ventaja: es bueno para cualquier edad. Claro que el ajedrez es el ejercicio mental por excelencia, en el que también los dos hemisferios participan activamente", concluye el experto.

No hay que interpretar estas recomendaciones como el gran escudo para enfrentar las enfermedades neurodegenerativas. No es que resolviendo 10 sudokus por día se puede ahuyentar el fantasma de esas dolencias, pero sí se contribuye a protegerse de ellas y a mantener a una de las facultades más valoradas -la memoria- en condiciones óptimas.

"Una persona que ejercita su cerebro asiduamente aumenta su reserva sináptica, es decir, el número de conexiones entre neuronas; hoy se sabe que ese incremento actúa como protector del deterioro cognitivo que lleva al desarrollo de diferentes tipos de demencia", explica Sica.

"Aquellos que han llevado una vida intelectual activa en distintas etapas de la vida tienen menos probabilidades de presentar trastornos cognitivos en la edad adulta", subraya Facundo Manes. Entonces, confirmado: entrenar el cerebro es bueno y, además, es posible. Con crucigramas, juegos de cartas o simplemente con empezar un nuevo curso de idiomas. "Todo lo que implique un cambio, un desafío, un aprendizaje, es recomendable. Siempre y cuando nos cuidemos del estrés", advierte el neurobiólogo.

En videojuegos

"Brain Training", de Nintendo, es uno de los videojuegos más vendidos. Se basa en el libro "Entrena tu cerebro", del investigador japonés Ryuta Kawashima. Propone ejercicios simples, como cálculos matemáticos o leer en voz alta. Eso ayudaría a aumentar el flujo sanguíneo en algunas zonas cerebrales.


Factor de protección
Roberto Sica

Todo ejercicio mental es útil. La actividad intelectual sostenida mantiene la conexión entre neuronas y la hace mas eficiente. Esto se debe a dos razones, la primera es que las sinapsis que las conectan se vuelven mas eficaces porque el axón de la que envía el mensaje hace crecer su número de contactos. Por otra parte, la que los recibe aumenta su número de receptores.

La persona que utiliza su cerebro asiduamente aumenta su "reserva sináptica", es decir el número de conexiones entre neuronas. Hoy se sabe que eso actúa como protector del deterioro cognitivo que lleva al desarrollo de diferentes demencias. De hecho, alguien con alto nivel intelectual, si desarrollara una demencia, lo haría más tardíamente que otro que no haya usado su cerebro con intensidad.


Mente sana en cuerpo sano

Mantener la mente en buen estado no sólo depende de ejercitarla, también es preciso ajustar el estilo de vida para que sea "amigable" con el cerebro.

Alimentarse bien. Los mismos factores de riesgo para las enfermedades coronarias, influyen en la mente. El pescado, los vegetales y las frutas ayudan a mantener las neuronas y construyen mejores y más fuertes conexiones entre sí.

Evitar el estrés y los estados de ánimo negativos. El estrés y la depresión tienen un impacto negativo en la memoria, al igual que los trastornos de sueño y la fatiga crónica. Conviene tener en cuenta el tiempo destinado para el ocio y relajación, y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

Mantener una vida social activa. El contacto con otros es un estimulante fundamental para el cerebro.

Fuente: Centro de Estudios de la Memoria y la Conducta/INECO.

viernes, 27 de enero de 2012

"Activar el cerebro previene el mal de Alzheimer"

24 ENE 12 | Actividades preventivas
Mantener cerebro activo evitaría formación proteína del Alzheimer
"No estamos hablando de la respuesta del cerebro a la amiloide. Estamos hablando de la acumulación concreta de amiloide"

Reuters

Por Julie Steenhuysen

CHICAGO (Reuters) - Las personas que desafían su mente a lo largo de sus vidas -ya sea mediante la lectura, la escritura o los juegos- son menos propensas a desarrollar depósitos de proteína en el cerebro relacionada con la enfermedad de Alzheimer, indicaron investigadores de Estados Unidos.

Estudios previos sugirieron que las personas que están bien educadas y permanecen mentalmente activas construyen reservas cerebrales que les permiten mantenerse agudizadas aún si se forman en el cerebro depósitos de la proteína destructiva llamada beta amiloide.

Pero la nueva investigación, que se basó en el estudio de imágenes cerebrales, sugiere que las personas que permanecen mentalmente activas desde la infancia y lo sostienen durante sus vidas realmente desarrollan menos placa amiloide.

"No estamos hablando de la respuesta del cerebro a la amiloide. Estamos hablando de la acumulación concreta de amiloide", dijo en una entrevista el doctor William Jagust, de la University of California, en Berkeley, cuyo estudio aparece en Archives of Neurology. "Es un hallazgo realmente nuevo", agregó.

Aunque pequeño, el estudio también demuestra que iniciar actividades de estimulación cerebral lo suficientemente temprano ofrecería una forma de prevenir que la placa vinculada con el Alzheimer se forme en el cerebro.

Actualmente no existen medicamentos que puedan prevenir la enfermedad de Alzheimer, que los científicos ahora creen que comienza entre 10 y 15 años antes de que se presenten los problemas de memoria.

La entidad Alzheimer's Disease International estima que en la actualidad hay 36 millones de personas con la enfermedad en todo el mundo. A medida que la población envejece, la cantidad de casos aumentará y se prevé que llegará a 66 millones en el 2030 y a 115 millones en el 2050.

La semana pasada, el Gobierno de Estados Unidos lanzó recomendaciones preliminares para un plan nacional contra el Alzheimer que apunta a encontrar tratamientos efectivos o estrategias de prevención para el 2025.

"La beta amiloide es la proteína que muchas personas creen que sería el factor inicial de la enfermedad de Alzheimer. Es la proteína que está en las placas de los cerebros de las personas con Alzheimer", dijo Jagust.

Los investigadores estudiaron a 65 personas saludables, cognitivamente normales de 60 años o más. Los participantes respondieron una batería de preguntas sobre cuán mentalmente activos habían sido durante diferentes períodos de sus vidas, desde los 6 años.

Entre las preguntas se incluía si solían leer periódicos, ir a librerías, escribir cartas o correos electrónicos y jugar juegos.

También se les realizaron pruebas extensas para evaluar su memoria y pensamiento y se les efectuaron controles cerebrales usando un nuevo rastreador de depósitos de la proteína amiloide en el cerebro.

Los expertos hallaron que las personas que habían sido más activas mentalmente tenían menores niveles de beta amiloide.

Los participantes que habían comenzando con las palabras cruzadas y otros ejercicios mentales recientemente no parecían beneficiarse mucho.

"Lo que nuestros datos sugieren es que participar toda la vida de estas actividades tiene mayor efecto que ser cognitivamente activo sólo en la edad adulta", dijo Susan Landau, otra investigadora de Berkeley que trabajó en el estudio.

Una debilidad de la investigación es que dependió de los recuerdos de las personas sobre sus actividades mentales, dijo Jagust, quien agregó que permanecer mentalmente activo haría al cerebro más eficiente, lo que podría tener un efecto protector.

jueves, 22 de septiembre de 2011

"Alzheimer sabe de que se trata esta enfermedad?"

20 SEP 11 | 21 de Septiembre: Día Mundial del Alzheimer
Enfermedad de Alzheimer
Un profundo editorial especial para IntraMed del Dr. Facundo Manes, uno de los expertos mundiales sobre el tema.

Dr. Facundo Manes

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la principal causa de demencia. Es una patología neurodegenerativa progresiva e irreversible que lentamente afecta la memoria, la identidad y la conducta con impacto en el funcionamiento social y ocupacional. Los cuidadores de personas con Alzheimer, sean estos familiares o asistentes de salud, son muy propensos a experimentar ansiedad y depresión. Cuidadores estresados tienen una menor respuesta inmune, visitan más al medico, toman más medicación y tienen una mayor tasa de mortalidad.

La enfermedad de Alzheimer afecta a una de cada diez personas de más de 65 años y a casi la mitad de las mayores de 85 años. Se estima que actualmente existen 35 millones de personas con demencia, según datos de la Alzheimer’s Disease International (ADI). Esta cifra se duplicará cada 20 años (65,7 millones en 2030 y 115,4 millones en 2050). Pero sus efectos, como sucede dramáticamente con cada epidemia, se sentirán de manera más aguda en los países de bajos y medianos ingresos con respecto a los países desarrollados: mientras que en 2010, el 57,7% de todas las personas con demencia se encontraban en los países de bajos y medianos ingresos, se espera que en 2050 la proporción se extenderá a un 70,5%. El número de personas de edad avanzada en el mundo en desarrollo está creciendo a un ritmo más rápido que otras regiones del mundo. El mayor aumento se va a producir en India, China y América Latina. El enorme costo del cuidado de estos pacientes y el efecto sobre sus familiares sin dudas precipitarán una crisis de salud pública de proporciones sin precedentes.

Existen formas hereditarias y esporádicas de la enfermedad. Las formas hereditarias constituyen menos del 5%, de los casos. Se asocian fundamentalmente a mutaciones en los genes que codifican para la proteína precursora de amiloide: preselinina-1 y preselinina 2.

Si bien en las formas esporádicas existen múltiples factores involucrados, se han determinado claros factores de riesgo para el desarrollo de la EA. La edad constituye el factor de riesgo independiente más importante relacionado con el desarrollo de la enfermedad. El otro factor de riesgo destacable es la presencia de determinados polimorfismos asociados a la apolipoproteína E. La apoliproteína E existe en tres isoformas (ε2, ε3 y ε4), siendo la isoforma ε4 la asociada a mayor riesgo de desarrollar la demencia. El riesgo de padecer EA en un individuo sin la isoforma ε4 es del 9% a lo largo de la vida. El riesgo aumenta 2-3 veces con la presencia de un alelo y 6-8 veces para los individuos con los dos alelos ε4. Por otra parte, la presencia del alelo ε2 conferiría cierto nivel de protección.

Otros factores de riesgo importantes involucrados son el bajo nivel de educación, el antecedente de traumatismo de cráneo y síndrome depresivo de presentación tardía (este último constituiría factor de riesgo y posible síntoma de la enfermedad). A pesar de los avances sobre el estudio de la enfermedad, el diagnóstico definitivo de la misma sigue siendo el hallazgo de ovillos neurofibrilares y placas amiloides en la autopsia o biopsia de los pacientes.

No existe en la actualidad ningún test de laboratorio ni un biomarcador que determine el diagnostico definitivo. La valoración clínica con el apoyo de los exámenes complementarios siguen siendo la herramientas más trascendentes para el diagnostico.

El hallazgo más común en estadios tempranos de la enfermedad es la presencia de atrofia cortical a predominio temporal medial (hipocampo y corteza entorrinal). Los estudios con PET con 18F-fluoro-deoxi-glucosa también han mostrado hipometabolismo en la corteza temporoparietal. Las limitaciones de este último, sin embargo, son la limitada disponibilidad del método y el costo del mismo. Por ello, actualmente, el PET es utilizado mayoritariamente para proyectos de investigación.

A fin de proveer un marco sistemático para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, se han establecido diferentes criterios diagnósticos, de los cuales los más utilizados hasta ahora son los de NINCDS/ADRDA (Instituto Nacional de enfermedades neurológicas, comunicativas y accidente cerebro vascular/ Asociación de enfermedad de Alzheimer y trastornos asociados) y DSM-IV-TR. Recientemente se han postulado nuevos criterios para el diagnostico de la enfermedad incluyendo como herramienta de soporte los exámenes complementarios. Uno de estos nuevos criterios tiene el objetivo de detectar la Enfermedad de Alzheimer en los estadios tempranos, cuando el paciente podría cumplir criterios de deterioro cognitivo leve amnésico. De esta manera, la enfermedad de Alzheimer probable estaría determinada por:

Compromiso de la memoria episódica (afectación temprana y gradual en el funcionamiento de la memoria reportado por el informante y evidencia objetiva de la alteración en la memoria episódica) aislado o asociado a alteración en otro dominio cognitivo más por lo menos uno de los criterios de soporte.

Criterios de soporte:

• Atrofia del lóbulo temporal medial en RMN medido por pruebas cualitativas o cuantitativas previamente validadas

• Presencia de bio-marcadores anormales en LCR (incluyendo disminucion de las concentraciones de β amiloide 1-42, o aumento de tau, o aumento de tau fosforilada o una combinación de las tres)

• Presencia de un patrón de hipometabolismo especifico en el PET

• Presencia de una mutación autosómica dominante determinante de EA

Es importante enfatizar que el diagnóstico de la enfermedad continúa basándose en las manifestaciones clínicas del paciente. La mayoría de los exámenes complementarios que han surgido recientemente tienen limitaciones relacionadas con el costo y la disponibilidad y actualmente se usan en clínicas de memoria con interés en investigación.


"El cuidado del paciente con demencia es un proceso dinámico que requiere de un abordaje integral que consta de un tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigido al paciente y la ayuda al cuidador y/o familiar".

El tratamiento sintomático para personas con diagnostico de enfermedad de Alzheimer se basa en drogas con diferentes mecanismos de acción que mejoran aspectos cognitivos, funcionales y conductuales y, como consecuencia, impactan positivamente en el cuidador. Seguramente para estos pacientes con diagnóstico establecido se encuentren nuevas drogas en los próximos años que se sumarán al cóctel de diferentes medicaciones con diferente mecanismo de acción a fin de retrasar la evolución de la enfermedad. Para curar la enfermedad, una posibilidad, es que se deba detectar y tratar a personas que van a desarrollarla pero todavía no tienen síntomas. Aun no se conoce la causa específica del Alzheimer por lo que no se encontrará pronto una solución que la cure, al menos, hasta que no estén delineados los aspectos fundamentales del proceso histofisiopatoetiogénico que subyacen al desarrollo de esta demencia. Hasta ahora, las distintas hipótesis sobre etiología de la enfermedad de Alzheimer son todavía exactamente eso: meras hipótesis.

El cuidado del paciente con demencia es un proceso dinámico que requiere de un abordaje integral y que consta de un tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigido al paciente y a ayudar al cuidador y/o familiar. El tratamiento farmacológico estándar de la enfermedad de Alzheimer consiste en administrar un inhibidor de la acetilcolinesterasa, con la adición de memantina en los estados moderados de la enfermedad. Aunque ningún fármaco ha demostrado ser capaz de detener el progreso de la enfermedad de Alzheimer, la terapia con inhibidores de acetilcolinesterasa ofrece mejoras sintomáticas de los déficits cognitivos, funcionales y de los trastornos conductuales. La Memantina, antagonista del receptor N-metil-d-aspartato (NMDA), ha demostrado en estudios que provee beneficios sintomáticos actuando como monoterapia y junto a un inhibidor de la colinesterasa en el tratamiento de la EA moderada y severa.

Las terapias no farmacológicas son importantes en el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer. Las estrategias para retrasar la progresión del déficit cognitivo y la consiguiente incapacidad funcional no pueden lograrse exclusivamente con el tratamiento farmacológico. El complemento a las intervenciones farmacológicas incluye tratamientos como la estimulación cognitiva y la terapia ocupacional. Las manifestaciones conductuales de la enfermedad de Alzheimer generan depresión, y estrés en el cuidador que deben ser abordadas por el equipo de profesionales a cargo del tratamiento del paciente con demencia.

El objetivo de los próximos años será intentar identificar personas que no tengan síntomas de la enfermedad de Alzheimer pero que presenten un alto riesgo de padecer la enfermedad. La combinación de técnicas mås refinadas en neuropsicología, genética, neuroimágenes y biomarcadores en líquido cefalorraquídeo, por ejemplo, podría permitir cumplir este ambicioso objetivo que será la clave para desarrollar un tratamiento que modifique el curso de la enfermedad.

Existen varias drogas -que están en diferentes estadios de desarrollo- diseñadas con el propósito de modificar la progresión de la enfermedad. Las siguientes son algunas de las nuevas terapias actualmente en investigación:

• Moduladores de la formación de Beta Amiloide. La α-secretasa es una enzima fundamental en la formación del amiloide al actuar sobre la Proteína Precursora de Amiloide. Al limitar esta enzima se disminuiría la formación de Amiloide Beta y, potencialmente, sus posibles efectos deletéreos sobre las neuronas.

• Bloqueantes de la agregación del Beta Amiloide para evitar la formación de las placas de amiloide. Estos agentes se unirían a los oligómeros de Amiloide Beta y prevendrían que los mismos se agrupen dañando de esta manera la sinapsis neuronal

• Inmunoterapia para mejorar el clearence de Beta Amiloide. Anticuerpos específicos pueden unirse al Beta Amiloide y promover su clearence del sistema nervioso central. Esto puede ser hecho tanto por la introducción de Amiloide Beta como antígeno de tal manera que el cuerpo produzca anticuerpos contra él (inmunoterapia activa) o mediante el uso de anticuerpos ya preformados (inmunoterapia pasiva)

• Latrepirdine (Dimebon). Antiguamente utilizado como un antihistamínico no selectivo en Rusia. En modelos animales demostró ser beneficioso. El mecanismo de acción no está del todo claro, quizás podría actuar mejorando la función mitocondrial. La conclusión de un estudio de 18 meses de Dimebon mostró que el fármaco mejora la memoria y la cognición en pacientes con enfermedad de Alzheimer, posiblemente mediante la estimulación de la función de la mitocondria. Sin embargo, estos datos no pudieron ser replicados en un estudio que finalizó recientemente.

• Inhibidores de la tau quinasa para disminuir la formación de ovillos neurofibrilares. Varios aspectos sobre la proteina Tau han sido estudiados en animales. Básicamente los estudios se focalizaron en inhibir la tau quinasa y otros se encaminaron a mejorar la estructura de ensamble de los microtúbulos para impedir la destrucción y agregación de los mismos. Actualmente está en estudio el efecto del azul de metileno en la agregación de la proteína tau.

Aunque pacientes, familias e investigadores tienen la esperanza de encontrar nuevos tratamientos que curen la enfermedad de Alzheimer, puede ser erróneo suponer que la desaceleración significativa de la progresión de la enfermedad es aún posible en pacientes que ya muestran síntomas moderados. Algunos cambios que parecen alterar la función sináptica (conexión entre neuronas) requieren de años o décadas antes de que los síntomas de la enfermedad de Alzheimer aparezcan.

La prevención es uno de los desarrollos recientes más interesantes en el campo de investigación de la demencia. La protección de las neuronas intactas es más factible que la reparación de las neuronas dañadas. Retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer es un paso importante en la lucha contra la enfermedad. Si se pudiera retrasar cinco años, se reduciría drásticamente el número de personas con la enfermedad. Por ejemplo, si normalmente se desarrolla la enfermedad a los 80 años, un retraso de cinco años significaría que no se desarrollará la enfermedad de Alzheimer hasta la edad de 85. En ese momento, los primeros síntomas serán menos molestos, y en el momento de la enfermedad en su estadío avanzado los pacientes estarían alcanzando su expectativa de vida. Se ha calculado que intervenciones capaces de producir un retraso modesto en la presentación de la enfermedad, por ejemplo 1 año, reducirían la prevalencia de la demencia entre 7% en 10 años y 9% en 30 años. Retrasar 5 años la aparición los síntomas podría reducir la prevalencia 40% en 10 años y 50% en 30 años.

Más años de escolaridad y el nivel socioeconómico de los padres durante la infancia parecen proteger contra el deterioro intelectual posterior posiblemente mediante el establecimiento de una "reserva cognitiva". La denominación “reserva cognitiva” es un constructo hipotético que se utiliza para explicar cómo, ante cambios neurodegenerativos que son similares en extensión y naturaleza, los individuos varían considerablemente en la severidad del deterioro cognitivo. Se sugiere que la inteligencia, educación, nivel ocupacional, hábitos dietéticos, actividades placenteras, estilo de vida, educación en las primeras décadas de vida y el mantener la actividad intelectual en la edad adulta son componentes activos de la reserva cognitiva. Se piensa que la estimulación cerebral con una actividad intelectual continua y, sobretodo, desafiante, podría crear nuevas conexiones entre las neuronas y disminuir la muerte neuronal.

En suma, la estimulación intelectual, una dieta saludable, actividad física y tener una vida social activa han sido identificados como factores potenciales de protección en la mediana edad que pueden ayudar a mantener la reserva cognitiva en la vida adulta. Controles de presión arterial, colesterol y lipoproteínas, glucosa en sangre, ácido fólico, vitamina B12 y el peso son vitales además de no fumar. Beber demasiado alcohol, o no beber alcohol en absoluto, son factores de riesgo. Aunque muchos factores, como la edad y la predisposición genética, están fuera del control médico, existen numerosas estrategias que pueden ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Investigaciones futuras deben conducir a un mejor conocimiento sobre los factores de riesgo y apuntar a estrategias más específicas para promover el mantenimiento de las capacidades cognitivas.

Dr. Facundo Manes
Director de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas de la Universidad Favaloro.
Presidente del Grupo de Investigación en Neurología Cognitiva de la World Federation of Neurology
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martes, 12 de junio de 2012

"Ejercicios para prevenir el Alzheimer"

Para mantener el cerebro sano: entrenarlo como un músculo
La "gimnasia mental" ayuda a prevenir la aparición temprana del Alzheimer o el Parkinson.

Clarín

Por: Eliana Galarza

El cerebro no deja de sorprender. Se lo estudia desde siempre pero últimamente cada vez hay más líneas de investigación que intentan arrancarle secretos para encontrar la forma de prevenir y curar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Eso ocurre porque mientras que en la época del Imperio romano la expectativa de vida era de 22 años y a comienzos del siglo XX, de 50, hoy ronda los 80 años. Ese "avance" permite detectar más casos de esas dolencias que todos temen y que, por lo general, suelen instalarse en la Tercera edad.

Nadie quiere vivir entre la confusión y el olvido. ¿Se puede hacer algo? Un nuevo estudio de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, según su sigla en inglés), de los Estados Unidos, reconfirma el valor que tienen los ejercicios de entrenamiento cognitivo para mantener saludable al cerebro. "La mente admite la ejercitación y de hecho mejora su rendimiento. Es algo así como un músculo que crece o se desarrolla cuando se lo ejercita: en la niñez, la estimulación mediante aprendizaje y gratificación es fundamental; y en la vejez, es imprescindible", comenta el médico experto en gerontología Guillermo Che Kenny.

"Diversos estudios demuestran que la ejercitación y la estimulación cognitiva pueden retrasar la aparición del deterioro de los trastornos cognitivos y de las funciones intelectuales en personas sin patología", puntualiza Facundo Manes, neurobiólogo, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

Lo que aconseja la ciencia, con esa recomendación de "estimulación cognitiva", ya se traduce en diferentes ofertas. El auge del sudoku (una cuadrícula que hay que completar con la combinación de números que van del 1 al 9) es altamente llamativo. En Japón se popularizó a partir de 1984 y en 2005 se convirtió en infaltable en la mayoría de los diarios nacionales de los Estados Unidos. Jugarlo es uno de los más claros ejemplos de esa estimulación tan beneficiosa.

La poderosa Nintendo también vio la veta. El año pasado lanzó su "Brain Training", con ejercicios simples que ayudan a estimular las funciones cognitivas (como el aprender o prestar atención). "Para mí, el rompecabezas es uno de los juegos más útiles", asegura, sin embargo, Roberto Sica, jefe de Neurología del Hospital Ramos Mejía. Y explica sus fundamentos: "Para armarlo, hay que combinar colores, formas y diseño y seguir una secuencia lógica en su construcción. Con un rompecabezas, el concentrarse en la forma y el color movilizan al hemisferio cerebral derecho; en tanto que el diseño y la secuencia lógica hacen lo propio con el izquierdo. Y tiene otra ventaja: es bueno para cualquier edad. Claro que el ajedrez es el ejercicio mental por excelencia, en el que también los dos hemisferios participan activamente", concluye el experto.

No hay que interpretar estas recomendaciones como el gran escudo para enfrentar las enfermedades neurodegenerativas. No es que resolviendo 10 sudokus por día se puede ahuyentar el fantasma de esas dolencias, pero sí se contribuye a protegerse de ellas y a mantener a una de las facultades más valoradas -la memoria- en condiciones óptimas.

"Una persona que ejercita su cerebro asiduamente aumenta su reserva sináptica, es decir, el número de conexiones entre neuronas; hoy se sabe que ese incremento actúa como protector del deterioro cognitivo que lleva al desarrollo de diferentes tipos de demencia", explica Sica.

"Aquellos que han llevado una vida intelectual activa en distintas etapas de la vida tienen menos probabilidades de presentar trastornos cognitivos en la edad adulta", subraya Facundo Manes. Entonces, confirmado: entrenar el cerebro es bueno y, además, es posible. Con crucigramas, juegos de cartas o simplemente con empezar un nuevo curso de idiomas. "Todo lo que implique un cambio, un desafío, un aprendizaje, es recomendable. Siempre y cuando nos cuidemos del estrés", advierte el neurobiólogo.

En videojuegos

"Brain Training", de Nintendo, es uno de los videojuegos más vendidos. Se basa en el libro "Entrena tu cerebro", del investigador japonés Ryuta Kawashima. Propone ejercicios simples, como cálculos matemáticos o leer en voz alta. Eso ayudaría a aumentar el flujo sanguíneo en algunas zonas cerebrales.


Factor de protección
Roberto Sica

Todo ejercicio mental es útil. La actividad intelectual sostenida mantiene la conexión entre neuronas y la hace mas eficiente. Esto se debe a dos razones, la primera es que las sinapsis que las conectan se vuelven mas eficaces porque el axón de la que envía el mensaje hace crecer su número de contactos. Por otra parte, la que los recibe aumenta su número de receptores.

La persona que utiliza su cerebro asiduamente aumenta su "reserva sináptica", es decir el número de conexiones entre neuronas. Hoy se sabe que eso actúa como protector del deterioro cognitivo que lleva al desarrollo de diferentes demencias. De hecho, alguien con alto nivel intelectual, si desarrollara una demencia, lo haría más tardíamente que otro que no haya usado su cerebro con intensidad.


Mente sana en cuerpo sano

Mantener la mente en buen estado no sólo depende de ejercitarla, también es preciso ajustar el estilo de vida para que sea "amigable" con el cerebro.

Alimentarse bien. Los mismos factores de riesgo para las enfermedades coronarias, influyen en la mente. El pescado, los vegetales y las frutas ayudan a mantener las neuronas y construyen mejores y más fuertes conexiones entre sí.

Evitar el estrés y los estados de ánimo negativos. El estrés y la depresión tienen un impacto negativo en la memoria, al igual que los trastornos de sueño y la fatiga crónica. Conviene tener en cuenta el tiempo destinado para el ocio y relajación, y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

Mantener una vida social activa. El contacto con otros es un estimulante fundamental para el cerebro.

Fuente: Centro de Estudios de la Memoria y la Conducta/INECO.

viernes, 27 de enero de 2012

"Activar el cerebro previene el mal de Alzheimer"

24 ENE 12 | Actividades preventivas
Mantener cerebro activo evitaría formación proteína del Alzheimer
"No estamos hablando de la respuesta del cerebro a la amiloide. Estamos hablando de la acumulación concreta de amiloide"

Reuters

Por Julie Steenhuysen

CHICAGO (Reuters) - Las personas que desafían su mente a lo largo de sus vidas -ya sea mediante la lectura, la escritura o los juegos- son menos propensas a desarrollar depósitos de proteína en el cerebro relacionada con la enfermedad de Alzheimer, indicaron investigadores de Estados Unidos.

Estudios previos sugirieron que las personas que están bien educadas y permanecen mentalmente activas construyen reservas cerebrales que les permiten mantenerse agudizadas aún si se forman en el cerebro depósitos de la proteína destructiva llamada beta amiloide.

Pero la nueva investigación, que se basó en el estudio de imágenes cerebrales, sugiere que las personas que permanecen mentalmente activas desde la infancia y lo sostienen durante sus vidas realmente desarrollan menos placa amiloide.

"No estamos hablando de la respuesta del cerebro a la amiloide. Estamos hablando de la acumulación concreta de amiloide", dijo en una entrevista el doctor William Jagust, de la University of California, en Berkeley, cuyo estudio aparece en Archives of Neurology. "Es un hallazgo realmente nuevo", agregó.

Aunque pequeño, el estudio también demuestra que iniciar actividades de estimulación cerebral lo suficientemente temprano ofrecería una forma de prevenir que la placa vinculada con el Alzheimer se forme en el cerebro.

Actualmente no existen medicamentos que puedan prevenir la enfermedad de Alzheimer, que los científicos ahora creen que comienza entre 10 y 15 años antes de que se presenten los problemas de memoria.

La entidad Alzheimer's Disease International estima que en la actualidad hay 36 millones de personas con la enfermedad en todo el mundo. A medida que la población envejece, la cantidad de casos aumentará y se prevé que llegará a 66 millones en el 2030 y a 115 millones en el 2050.

La semana pasada, el Gobierno de Estados Unidos lanzó recomendaciones preliminares para un plan nacional contra el Alzheimer que apunta a encontrar tratamientos efectivos o estrategias de prevención para el 2025.

"La beta amiloide es la proteína que muchas personas creen que sería el factor inicial de la enfermedad de Alzheimer. Es la proteína que está en las placas de los cerebros de las personas con Alzheimer", dijo Jagust.

Los investigadores estudiaron a 65 personas saludables, cognitivamente normales de 60 años o más. Los participantes respondieron una batería de preguntas sobre cuán mentalmente activos habían sido durante diferentes períodos de sus vidas, desde los 6 años.

Entre las preguntas se incluía si solían leer periódicos, ir a librerías, escribir cartas o correos electrónicos y jugar juegos.

También se les realizaron pruebas extensas para evaluar su memoria y pensamiento y se les efectuaron controles cerebrales usando un nuevo rastreador de depósitos de la proteína amiloide en el cerebro.

Los expertos hallaron que las personas que habían sido más activas mentalmente tenían menores niveles de beta amiloide.

Los participantes que habían comenzando con las palabras cruzadas y otros ejercicios mentales recientemente no parecían beneficiarse mucho.

"Lo que nuestros datos sugieren es que participar toda la vida de estas actividades tiene mayor efecto que ser cognitivamente activo sólo en la edad adulta", dijo Susan Landau, otra investigadora de Berkeley que trabajó en el estudio.

Una debilidad de la investigación es que dependió de los recuerdos de las personas sobre sus actividades mentales, dijo Jagust, quien agregó que permanecer mentalmente activo haría al cerebro más eficiente, lo que podría tener un efecto protector.

jueves, 22 de septiembre de 2011

"Alzheimer sabe de que se trata esta enfermedad?"

20 SEP 11 | 21 de Septiembre: Día Mundial del Alzheimer
Enfermedad de Alzheimer
Un profundo editorial especial para IntraMed del Dr. Facundo Manes, uno de los expertos mundiales sobre el tema.

Dr. Facundo Manes

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la principal causa de demencia. Es una patología neurodegenerativa progresiva e irreversible que lentamente afecta la memoria, la identidad y la conducta con impacto en el funcionamiento social y ocupacional. Los cuidadores de personas con Alzheimer, sean estos familiares o asistentes de salud, son muy propensos a experimentar ansiedad y depresión. Cuidadores estresados tienen una menor respuesta inmune, visitan más al medico, toman más medicación y tienen una mayor tasa de mortalidad.

La enfermedad de Alzheimer afecta a una de cada diez personas de más de 65 años y a casi la mitad de las mayores de 85 años. Se estima que actualmente existen 35 millones de personas con demencia, según datos de la Alzheimer’s Disease International (ADI). Esta cifra se duplicará cada 20 años (65,7 millones en 2030 y 115,4 millones en 2050). Pero sus efectos, como sucede dramáticamente con cada epidemia, se sentirán de manera más aguda en los países de bajos y medianos ingresos con respecto a los países desarrollados: mientras que en 2010, el 57,7% de todas las personas con demencia se encontraban en los países de bajos y medianos ingresos, se espera que en 2050 la proporción se extenderá a un 70,5%. El número de personas de edad avanzada en el mundo en desarrollo está creciendo a un ritmo más rápido que otras regiones del mundo. El mayor aumento se va a producir en India, China y América Latina. El enorme costo del cuidado de estos pacientes y el efecto sobre sus familiares sin dudas precipitarán una crisis de salud pública de proporciones sin precedentes.

Existen formas hereditarias y esporádicas de la enfermedad. Las formas hereditarias constituyen menos del 5%, de los casos. Se asocian fundamentalmente a mutaciones en los genes que codifican para la proteína precursora de amiloide: preselinina-1 y preselinina 2.

Si bien en las formas esporádicas existen múltiples factores involucrados, se han determinado claros factores de riesgo para el desarrollo de la EA. La edad constituye el factor de riesgo independiente más importante relacionado con el desarrollo de la enfermedad. El otro factor de riesgo destacable es la presencia de determinados polimorfismos asociados a la apolipoproteína E. La apoliproteína E existe en tres isoformas (ε2, ε3 y ε4), siendo la isoforma ε4 la asociada a mayor riesgo de desarrollar la demencia. El riesgo de padecer EA en un individuo sin la isoforma ε4 es del 9% a lo largo de la vida. El riesgo aumenta 2-3 veces con la presencia de un alelo y 6-8 veces para los individuos con los dos alelos ε4. Por otra parte, la presencia del alelo ε2 conferiría cierto nivel de protección.

Otros factores de riesgo importantes involucrados son el bajo nivel de educación, el antecedente de traumatismo de cráneo y síndrome depresivo de presentación tardía (este último constituiría factor de riesgo y posible síntoma de la enfermedad). A pesar de los avances sobre el estudio de la enfermedad, el diagnóstico definitivo de la misma sigue siendo el hallazgo de ovillos neurofibrilares y placas amiloides en la autopsia o biopsia de los pacientes.

No existe en la actualidad ningún test de laboratorio ni un biomarcador que determine el diagnostico definitivo. La valoración clínica con el apoyo de los exámenes complementarios siguen siendo la herramientas más trascendentes para el diagnostico.

El hallazgo más común en estadios tempranos de la enfermedad es la presencia de atrofia cortical a predominio temporal medial (hipocampo y corteza entorrinal). Los estudios con PET con 18F-fluoro-deoxi-glucosa también han mostrado hipometabolismo en la corteza temporoparietal. Las limitaciones de este último, sin embargo, son la limitada disponibilidad del método y el costo del mismo. Por ello, actualmente, el PET es utilizado mayoritariamente para proyectos de investigación.

A fin de proveer un marco sistemático para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, se han establecido diferentes criterios diagnósticos, de los cuales los más utilizados hasta ahora son los de NINCDS/ADRDA (Instituto Nacional de enfermedades neurológicas, comunicativas y accidente cerebro vascular/ Asociación de enfermedad de Alzheimer y trastornos asociados) y DSM-IV-TR. Recientemente se han postulado nuevos criterios para el diagnostico de la enfermedad incluyendo como herramienta de soporte los exámenes complementarios. Uno de estos nuevos criterios tiene el objetivo de detectar la Enfermedad de Alzheimer en los estadios tempranos, cuando el paciente podría cumplir criterios de deterioro cognitivo leve amnésico. De esta manera, la enfermedad de Alzheimer probable estaría determinada por:

Compromiso de la memoria episódica (afectación temprana y gradual en el funcionamiento de la memoria reportado por el informante y evidencia objetiva de la alteración en la memoria episódica) aislado o asociado a alteración en otro dominio cognitivo más por lo menos uno de los criterios de soporte.

Criterios de soporte:

• Atrofia del lóbulo temporal medial en RMN medido por pruebas cualitativas o cuantitativas previamente validadas

• Presencia de bio-marcadores anormales en LCR (incluyendo disminucion de las concentraciones de β amiloide 1-42, o aumento de tau, o aumento de tau fosforilada o una combinación de las tres)

• Presencia de un patrón de hipometabolismo especifico en el PET

• Presencia de una mutación autosómica dominante determinante de EA

Es importante enfatizar que el diagnóstico de la enfermedad continúa basándose en las manifestaciones clínicas del paciente. La mayoría de los exámenes complementarios que han surgido recientemente tienen limitaciones relacionadas con el costo y la disponibilidad y actualmente se usan en clínicas de memoria con interés en investigación.


"El cuidado del paciente con demencia es un proceso dinámico que requiere de un abordaje integral que consta de un tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigido al paciente y la ayuda al cuidador y/o familiar".

El tratamiento sintomático para personas con diagnostico de enfermedad de Alzheimer se basa en drogas con diferentes mecanismos de acción que mejoran aspectos cognitivos, funcionales y conductuales y, como consecuencia, impactan positivamente en el cuidador. Seguramente para estos pacientes con diagnóstico establecido se encuentren nuevas drogas en los próximos años que se sumarán al cóctel de diferentes medicaciones con diferente mecanismo de acción a fin de retrasar la evolución de la enfermedad. Para curar la enfermedad, una posibilidad, es que se deba detectar y tratar a personas que van a desarrollarla pero todavía no tienen síntomas. Aun no se conoce la causa específica del Alzheimer por lo que no se encontrará pronto una solución que la cure, al menos, hasta que no estén delineados los aspectos fundamentales del proceso histofisiopatoetiogénico que subyacen al desarrollo de esta demencia. Hasta ahora, las distintas hipótesis sobre etiología de la enfermedad de Alzheimer son todavía exactamente eso: meras hipótesis.

El cuidado del paciente con demencia es un proceso dinámico que requiere de un abordaje integral y que consta de un tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigido al paciente y a ayudar al cuidador y/o familiar. El tratamiento farmacológico estándar de la enfermedad de Alzheimer consiste en administrar un inhibidor de la acetilcolinesterasa, con la adición de memantina en los estados moderados de la enfermedad. Aunque ningún fármaco ha demostrado ser capaz de detener el progreso de la enfermedad de Alzheimer, la terapia con inhibidores de acetilcolinesterasa ofrece mejoras sintomáticas de los déficits cognitivos, funcionales y de los trastornos conductuales. La Memantina, antagonista del receptor N-metil-d-aspartato (NMDA), ha demostrado en estudios que provee beneficios sintomáticos actuando como monoterapia y junto a un inhibidor de la colinesterasa en el tratamiento de la EA moderada y severa.

Las terapias no farmacológicas son importantes en el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer. Las estrategias para retrasar la progresión del déficit cognitivo y la consiguiente incapacidad funcional no pueden lograrse exclusivamente con el tratamiento farmacológico. El complemento a las intervenciones farmacológicas incluye tratamientos como la estimulación cognitiva y la terapia ocupacional. Las manifestaciones conductuales de la enfermedad de Alzheimer generan depresión, y estrés en el cuidador que deben ser abordadas por el equipo de profesionales a cargo del tratamiento del paciente con demencia.

El objetivo de los próximos años será intentar identificar personas que no tengan síntomas de la enfermedad de Alzheimer pero que presenten un alto riesgo de padecer la enfermedad. La combinación de técnicas mås refinadas en neuropsicología, genética, neuroimágenes y biomarcadores en líquido cefalorraquídeo, por ejemplo, podría permitir cumplir este ambicioso objetivo que será la clave para desarrollar un tratamiento que modifique el curso de la enfermedad.

Existen varias drogas -que están en diferentes estadios de desarrollo- diseñadas con el propósito de modificar la progresión de la enfermedad. Las siguientes son algunas de las nuevas terapias actualmente en investigación:

• Moduladores de la formación de Beta Amiloide. La α-secretasa es una enzima fundamental en la formación del amiloide al actuar sobre la Proteína Precursora de Amiloide. Al limitar esta enzima se disminuiría la formación de Amiloide Beta y, potencialmente, sus posibles efectos deletéreos sobre las neuronas.

• Bloqueantes de la agregación del Beta Amiloide para evitar la formación de las placas de amiloide. Estos agentes se unirían a los oligómeros de Amiloide Beta y prevendrían que los mismos se agrupen dañando de esta manera la sinapsis neuronal

• Inmunoterapia para mejorar el clearence de Beta Amiloide. Anticuerpos específicos pueden unirse al Beta Amiloide y promover su clearence del sistema nervioso central. Esto puede ser hecho tanto por la introducción de Amiloide Beta como antígeno de tal manera que el cuerpo produzca anticuerpos contra él (inmunoterapia activa) o mediante el uso de anticuerpos ya preformados (inmunoterapia pasiva)

• Latrepirdine (Dimebon). Antiguamente utilizado como un antihistamínico no selectivo en Rusia. En modelos animales demostró ser beneficioso. El mecanismo de acción no está del todo claro, quizás podría actuar mejorando la función mitocondrial. La conclusión de un estudio de 18 meses de Dimebon mostró que el fármaco mejora la memoria y la cognición en pacientes con enfermedad de Alzheimer, posiblemente mediante la estimulación de la función de la mitocondria. Sin embargo, estos datos no pudieron ser replicados en un estudio que finalizó recientemente.

• Inhibidores de la tau quinasa para disminuir la formación de ovillos neurofibrilares. Varios aspectos sobre la proteina Tau han sido estudiados en animales. Básicamente los estudios se focalizaron en inhibir la tau quinasa y otros se encaminaron a mejorar la estructura de ensamble de los microtúbulos para impedir la destrucción y agregación de los mismos. Actualmente está en estudio el efecto del azul de metileno en la agregación de la proteína tau.

Aunque pacientes, familias e investigadores tienen la esperanza de encontrar nuevos tratamientos que curen la enfermedad de Alzheimer, puede ser erróneo suponer que la desaceleración significativa de la progresión de la enfermedad es aún posible en pacientes que ya muestran síntomas moderados. Algunos cambios que parecen alterar la función sináptica (conexión entre neuronas) requieren de años o décadas antes de que los síntomas de la enfermedad de Alzheimer aparezcan.

La prevención es uno de los desarrollos recientes más interesantes en el campo de investigación de la demencia. La protección de las neuronas intactas es más factible que la reparación de las neuronas dañadas. Retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer es un paso importante en la lucha contra la enfermedad. Si se pudiera retrasar cinco años, se reduciría drásticamente el número de personas con la enfermedad. Por ejemplo, si normalmente se desarrolla la enfermedad a los 80 años, un retraso de cinco años significaría que no se desarrollará la enfermedad de Alzheimer hasta la edad de 85. En ese momento, los primeros síntomas serán menos molestos, y en el momento de la enfermedad en su estadío avanzado los pacientes estarían alcanzando su expectativa de vida. Se ha calculado que intervenciones capaces de producir un retraso modesto en la presentación de la enfermedad, por ejemplo 1 año, reducirían la prevalencia de la demencia entre 7% en 10 años y 9% en 30 años. Retrasar 5 años la aparición los síntomas podría reducir la prevalencia 40% en 10 años y 50% en 30 años.

Más años de escolaridad y el nivel socioeconómico de los padres durante la infancia parecen proteger contra el deterioro intelectual posterior posiblemente mediante el establecimiento de una "reserva cognitiva". La denominación “reserva cognitiva” es un constructo hipotético que se utiliza para explicar cómo, ante cambios neurodegenerativos que son similares en extensión y naturaleza, los individuos varían considerablemente en la severidad del deterioro cognitivo. Se sugiere que la inteligencia, educación, nivel ocupacional, hábitos dietéticos, actividades placenteras, estilo de vida, educación en las primeras décadas de vida y el mantener la actividad intelectual en la edad adulta son componentes activos de la reserva cognitiva. Se piensa que la estimulación cerebral con una actividad intelectual continua y, sobretodo, desafiante, podría crear nuevas conexiones entre las neuronas y disminuir la muerte neuronal.

En suma, la estimulación intelectual, una dieta saludable, actividad física y tener una vida social activa han sido identificados como factores potenciales de protección en la mediana edad que pueden ayudar a mantener la reserva cognitiva en la vida adulta. Controles de presión arterial, colesterol y lipoproteínas, glucosa en sangre, ácido fólico, vitamina B12 y el peso son vitales además de no fumar. Beber demasiado alcohol, o no beber alcohol en absoluto, son factores de riesgo. Aunque muchos factores, como la edad y la predisposición genética, están fuera del control médico, existen numerosas estrategias que pueden ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Investigaciones futuras deben conducir a un mejor conocimiento sobre los factores de riesgo y apuntar a estrategias más específicas para promover el mantenimiento de las capacidades cognitivas.

Dr. Facundo Manes
Director de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas de la Universidad Favaloro.
Presidente del Grupo de Investigación en Neurología Cognitiva de la World Federation of Neurology